Conoces
esa sensación.
Abres tu documento. El cursor parpadea. Relees el último párrafo por tercera vez. Compruebas el recuento de palabras. Ajustas el tamaño de la letra. Abres otra aplicación. Vuelves. El cursor sigue parpadeando.

Reverie nació para ese momento. No con una lista de funciones, sino con algo más difícil de describir. Una página que cobra vida. El cursor tiene una calidez propia. El desplazamiento se asienta en lugar de frenar en seco. Cuando las palabras fluyen, la página lo sabe y responde en silencio. Cuando te detienes, espera.
Casi nada de esto lo notarás. De eso se trata.
Sin una IA que termine tus frases. Sin sugerencias rondando al borde de tu atención. Si quieres mirar la pantalla diez minutos hasta que llegue la palabra justa, eso es escribir. Había un pensamiento en camino. Una sugerencia de la IA y desaparece. Reverie solo entibia un poco la habitación mientras trabajas.









