Lo que me gustó, lo que no, y por qué ninguno acababa de encajar.

Llevo escribiendo a ratos veinte años y programando aún más tiempo. He probado casi todas las aplicaciones de escritura de las que has oído hablar y varias de las que no. Algunas son muy buenas. Ninguna era la adecuada para mí, y tardé mucho en entender por qué.
Esto no es una comparativa de funciones. Hay muchas de esas. Esto es lo que de verdad se experimentaba al sentarse a intentar escribir en cada una.
Microsoft Word
microsoft.com/microsoft-365 | Desde 99,99 $/año, 84,99 £/año, 99 €/año (Microsoft 365 Personal)
Donde casi todos empezamos. Donde casi todos nos quedamos más de lo debido.
Word está hecho para documentos, no para escribir. Hay una diferencia. Solo la barra de herramientas tiene más opciones de las que usaré en toda la vida. Márgenes, encabezados, números de página, control de cambios, globos de comentarios. Lo abría para escribir un capítulo y pasaba diez minutos ajustando la vista antes de teclear una palabra. Sí, existe el Modo de concentración. Oculta la cinta y te da una vista más limpia. Pero atornillar una sala tranquila a la entrada de una fábrica no la convierte en una herramienta para escribir.
La página resulta clínica. Rectángulo blanco, texto negro, cursor que parpadea. Sin calidez, sin personalidad. Es papel en una pantalla, y no precisamente buen papel.
Lo que hace bien: el control de cambios es realmente útil cuando trabajas con un editor, y su formato de archivo es la lengua franca del mundo editorial. Pero ¿para el acto de escribir? ¿Para sentarte con una página en blanco e intentar que las palabras ocurran? Es la sala equivocada.
Google Docs
docs.google.com | Gratis
Tenía acceso, así que lo usé un tiempo. Es cómodo. Sin instalación, sin gestión de archivos, solo una pestaña del navegador.
Pero nunca me sentí a gusto escribiendo ficción en un navegador. La página parecía plana, más una hoja de cálculo con mejores fuentes que un lugar para hacer trabajo creativo. Y nunca me quité de encima la sensación de que mi escritura vivía en el ordenador de otro, en la pestaña de otro, a un cierre accidental de romperme el hilo de pensamiento.
Scrivener
literatureandlatte.com | 59,99 $/59,99 £/69,99 € pago único
El que todo el mundo recomienda. El que quería adorar.
Scrivener es potente. El cuaderno, el corcho, el inspector, la posibilidad de organizar tu manuscrito en escenas y capítulos y moverlos de sitio. Para escritores que planifican a fondo, que esbozan un guion antes de redactar, está hecho exactamente para eso.
Mi problema era que yo no soy ese escritor. Soy un escritor de descubrimiento. Encuentro la historia escribiéndola, no planificándola. No sé adónde corresponde un capítulo hasta que he escrito los de alrededor. Scrivener quería que organizara primero y escribiera después, y eso me frenaba en seco. Lo abría, veía las carpetas vacías y la estructura esperando a que la rellenara, y lo cerraba. La aplicación se convertía en una cosa más que gestionar en lugar de un lugar donde escribir.
Existe una necesidad real en la parte organizativa de escribir una novela: cosas como la construcción de mundo, el seguimiento de personajes, la estructura de la trama. Herramientas como Obsidian cubren parte de ese hueco, aunque ninguna lo hace de un modo que se sienta propio de la ficción. Es un problema fascinante, y uno al que me encantaría dedicarme en serio algún día.
Cuando sí superaba la configuración y escribía de verdad en Scrivener, la superficie de escritura estaba bien. Bastante limpia. Pero «bien» es un listón muy bajo para el lugar donde pasas las horas más importantes de tu trabajo creativo.
Sin IA, sin suscripción. Eso son virtudes reales. Si eres de los que planifican, si la estructura te ayuda a pensar, puede que Scrivener sea justo lo que necesitas. Simplemente no era lo que yo necesitaba.
Ulysses
ulysses.app | 5,99 $/5,99 £/5,99 € al mes, solo Mac y iOS
Una aplicación preciosa. Durante mucho tiempo, la experiencia de escritura con mejor aspecto en el Mac.
Me encantaba la biblioteca. Todo en un sitio, organizado por grupos, con búsqueda, sincronizado entre dispositivos. El editor Markdown es limpio y está bien hecho. Publicar en WordPress directamente desde la aplicación es ingenioso. La experiencia de escritura es agradable.
Dos cosas me apartaron. La primera es la suscripción. Vivimos en un mundo donde todo es un pago mensual, diseñado para parecer barato en el momento pero que suma muchísimo más a la larga. Abre tu extracto bancario y cuenta los recibos domiciliados. Es agotador. Y una aplicación de escritura es el peor sitio para eso. En una mala racha, la suscripción me hacía sentir culpable por no abrir la aplicación. En una racha productiva, me preguntaba si escribía porque quería o porque intentaba justificar el coste. Una herramienta creativa no debería cargar con ese peso.
Lo segundo es más difícil de precisar. Ulysses es un contenedor muy bueno para la escritura. Pero la página en sí, el momento de sentarse y teclear, daba la sensación de ser igual que en cualquier otra aplicación. Limpia, minimalista, estática. Las palabras entraban y ahí se quedaban. Nada en el entorno me daba ganas de quedarme más tiempo o de volver antes.
iA Writer
ia.net/writer | 49,99 $/49,99 £/49,99 € pago único (Mac), 29,99 $ (Windows)
El más puro de los editores minimalistas. iA Writer lo despoja todo hasta que no queda nada más que texto.
Tiene criterio de maneras que respeto. Un pequeño conjunto de fuentes elegidas con cuidado. Sin barra de formato. El modo de concentración atenúa todo salvo la frase que estás escribiendo. El diseño es riguroso y la filosofía está clara: menos distracciones, mejor escritura.
Le tengo mucha estima a iA Writer. Su postura ante la IA, crear Authorship para revelar el texto escrito a máquina en vez de generarlo, es la respuesta más reflexiva que ha dado ninguna aplicación de escritura.
Pero iA Writer es un editor Markdown, y te pide que pienses así. Escribes en una sintaxis, no sobre una página. Para programadores y redactores técnicos eso es natural. Para un novelista que solo quiere sentarse a escribir una escena, es una capa de fricción entre tú y las palabras. La escritura debería sentirse como escribir, no como dar formato.
El asunto de fondo es de qué clase de minimalismo se trata. El minimalismo de iA Writer es clínico. Se ha quitado todo, y notas la ausencia. La página es austera, el cursor parpadea, y eres consciente del vacío de un modo que te pone en tensión en lugar de tranquilizarte. Tanto iA Writer como Reverie son minimalistas. Pero hay una diferencia entre una sala despojada por completo y una sala tan bien pensada que te acomodas en ella sin darte cuenta. Una te deja alerta y consciente de ti mismo. La otra te deja relajarte. Y cuando estás relajado, las palabras llegan con más facilidad. No por nada que haga la aplicación. Porque has bajado la guardia.
Lo que de verdad quería
Tras años cambiando de aplicación por fin pude nombrar lo que faltaba en todas ellas. No una función. Una sensación.
Cada aplicación me daba una superficie donde escribir. Ninguna me daba ganas de quedarme. En los días difíciles, los días en que gana la página en blanco, todos los editores resultaban iguales. Estáticos, clínicos, indiferentes. El cursor parpadeaba. Yo lo miraba fijamente. Cerraba la aplicación.
Quería una página que me saliera al encuentro a medio camino. No con sugerencias, ni IA, ni gamificación. Algo más sutil. Una página que cobrara vida. Que respondiera al acto de escribir de un modo que no acababa de poder señalar, pero que notaba al instante cuando no estaba.
Quería abrir mi borrador y sentir que continuaba, no que empezaba. Quería que la aplicación supiera cuándo fluían las palabras y entibiara la habitación un poco, en silencio, sin que se notara. Quería levantar la vista a los veinte minutos y no saber adónde se había ido el tiempo.
Ninguna aplicación que probé hacía esto. No porque fueran malas. Porque nadie lo estaba intentando.
Así que construí Reverie.
— Mark